Pero ahora y hace algún tiempo me veo en la necesidad de promover esto que tanto necesitamos... Salvar a San Andrés.
Hermosa isla nuestra, un tanto lejana pero que tantos hemos disfrutado. Un mar de siete colores que deleita a todo aquel que lo admira cuando se va acercando desde lo alto en el avión. Paraíso irrepetible de gente amable, culta, pacífica y límpia. Por algo es considerada como Reverva Biodegradable del Planeta.
En algún momento el pirata Morgan, cuando la vió pronunció estas palabras: "Esta es la tierra más hermosa que ojos humanos hayan podido mirar". Definitivamente lo afirmo, hace algún tiempo fui a conocerla por primera vez, y me enamoré de ella... ahhhhhhhhhhhhhhh solo suspiro y pienso, cuando volveré a esa preciosura que guarda este planeta.
Amigos colombianos... mi llamado es de alerta, este paraíso nos va a ser denegado, si no invertimos en el, si no pensamos que allá existen necesidades, si nos olvidamos que ellos son de nuestra tierra también. Otros países quieres acogerlo, porque quizás los gobiernos Colombianos, no los han tomado en cuenta. Recuerdo una de las frases de los lugareños que nos decían a los turistas... "Nosotros también somos colombianos... no lo olviden". La gente no tiene empleo, hay pocas formas de acceder a todas las prioridades que tenemos aqui en el territorio. Los alimentos son muy caros para ellos, demasiados impuestos para todo...
En cambio... a los turistas nos atienden como reyes, tú nunca notas cuando estos están sufriendo, por el contrario nunca te piden limosna, trabajan honradamente y se subsidian con sus propios recursos naturales, su isla se mantiene limpìa y segura, siempre custodiada por la majestuosidad de esa pequeña isla llamada Johnny Cay.
Si tu eres tan solo un simple turista no tomas en cuenta todo lo que noté. Soy una viajera... que tan solo percibe las realidades de las gentes... me voy a lo más profundo, sus costumbres, sus formas de vivir, entre otras.
Si quieres ayudarlos, como yo... demos la mejor imagen de esa lindura de isla, y al menos aportemos con ese granito de arena, haciendo lo que entes mayores, como nuestros gobiernos no hacen nunca.
Gracias!!!!
Amante de aquel paradisíaca isla...Ivonne
Hoy me animo a contar de nuevo algunas de mis andanzas, las cuales siempre dejan moraleja en mi vida y remembranzas.
Me encuentro pensando en lo hermoso que es mi Colombia y lo mucho que hay para recorrer y conocer.
En esta mañana recuerdo un instante en el cual pensé… extraño escribir y contar mis experiencias por este mi país, debo organizar mi vida y no olvidarme de esta gran virtud que descubrí en mi.
Este diario da inicio en un día cualquiera cuando por casualidades del destino y por proyectos personales tuve que realizar un viaje a Pasto con mis compañeros. En esa semana no estaba muy decidida a ir, pero la verdad era muy importante asistir.
Alrededor del jueves arreglé mis maletas…sabiendo que el viaje era un viernes, hice esto gracias a las recomendaciones de uno de mis amigos que comentaban: “Las mujeres se demoran mucho en hacer maletas y además llevan muchas cosas, entonces es mejor que hagas todo un día antes”. Y cómo adivinándolo, empaqué muchas cosas para tan solo 3 días, bueno eso es porque somos mujeres y debemos tener todo lo necesario a nuestra mano (ropa, maquillaje, agendas, celulares, cámara, y otros más).
Supuestamente saldríamos a las 3 o 4 de la tarde, pero se retrasó mucho más este viaje puesto que el carro en el que viajábamos era prestado y desde luego habría que esperar hasta que la persona lo tuviera disponible.
Salimos de mi casa a eso de las 8 de la noche, por diversos inconvenientes respecto a mis compañeros también.
Mis pensamientos estaban muy concentrados en el objetivo del viaje, pero también sentía que iba a conocer algo nuevo, un lugar en el cual nunca había estado, de diferente geografía y quizás con una cultura diferente. Mmmm, me jactaba de solo pensarlo. De acuerdo a esto decidí tratar de mantenerme a lo largo del viaje despierta y así apreciar los relieves y paisajes. No quería perderme el espectáculo.
Así fue como desde Cartago – Valle mi ciudad natal más o menos a las 9 de la noche, partimos hacía Pasto, utilizando la vía Panamericana. Mis compañeros y yo, siempre con un gran ánimo, contando chistes y estando algo apretados, pero muy centrados en lo que íbamos a hacer allí.
Viajando desde mi ciudad, había una gran franja de lugares que ya conocía, como: Obando, Zarzal, Tuluá, Cali y otras ciudades pequeñas que se pueden divisar en la cordillera, o sea que no presté mucha atención cuando pasábamos cerca de ellas; estuve en cambio concentrada en las cosas que se decían y escuchaba muy atentamente.
Nos vigilaba durante el viaje una hermosa luna que iluminó nuestro camino y lo llenó de emoción porque gracias a ella se divisaba la planicie de nuestro Valle del Cauca.
Eran más o menos las 10 de la noche cuando arribábamos a Cali. Sabía que de ahí en adelante venía un largo tramo de viaje y además aparecerían lugares que nunca había conocido.
Llegó Jamundí una ciudad pequeña que apenas puedo recordar porque en ese preciso instante me dio algo de sueño, entonces decidí recostarme al lado de uno de mis compañeros a pesar de toda la incomodidad. Cada 20 minutos me despertaba tratando de reconocer el lugar que íbamos recorriendo y tratar de divisar que había de distinto en estos lugares. Alcancé a ver a Puerto Tejada, lugar que bordea los límites del Valle del cauca y que en mi vida pasada fue muy nombrado pero nunca pude representarlo como podía hacerlo ese día.
Las carreteras estuvieron muy seguras, sin duda alguna el ejército nos da mucha seguridad al viajar y que rico es sentir eso.
Mis amigos por otro lado dormían como ositos en época de hibernación y yo admiraba ese tipo de cosas porque necesitaban mucho descanso y muchos no estaban acostumbrados a estos viajes tan largos y además por tierra.
Pasamos al departamento del Cauca, donde luego de un largo recorrido que incluía Santander de Quilichao, pasamos por la ciudad blanca de Colombia: Popayán. Conocida así por sus blancas casas erguidas sobre la arquitectura española y con base en principios muy religiosos. Fue una lástima que solo la pudiera ver en sus afueras, pero bueno algo es algo.
Después de despertarme por ratos para alcanzar conocer algo de aquello que a oscuras me inquietaba, caí en un profundo sueño. Mientras que seguíamos viajando para alcanzar llegar temprano a Pasto.
Intempestivamente mi mejor amigo me sacudió inquieto con algo que veía desde su ventana, por supuesto yo me desperté de inmediato, eran más o menos las 4 de la mañana, descubría gracias a el; la altura en la que estábamos y como el relieve había cambiado por completo estábamos en medio de cordilleras, preciosas ante la luz de la luna, parecían sagradas. Todavía permanecíamos en el departamento del Cauca, porque este a su vez se notaba lo grande que era. Mi amigo llamó mi atención porque el sabe muy bien el valor que le tengo a este tipo de cosas, mi pasión por la naturaleza y por las cosas bellas de mi patria.
De allí en adelante continué con mis ojitos bien abiertos en búsqueda de lo hermoso que seguiría, y además imaginándome un mapa en mi cabeza para poder contar en algún momento que estaba en uno de los límites de Colombia con otro país. Era súper emocionante saber que de Pasto podría pasar a Ecuador fácilmente. Anhelaba que se diera esta posibilidad.
Me deslumbraba en cada instante. Continuaría observando esas hermosas, altas y erguidas cumbres que a cualquiera desvanecen ante su supremacía. Nos acercábamos a nuestro objetivo, entrar al departamento de Nariño.
Eran más o menos las 6 o 7 de la mañana y los rayos del sol cruzaban las nubes golpeando estas bellas y majestuosas montañas, en las cuales podrías ver sus siluetas y quizás los años que estarían allí. Tan solo podría imaginar, que maravilloso es este paisaje… tiene todo con lo que soñabas en películas y que pensabas que esas bellezas solo estaban en otros lugares, o quizás hasta eran imposibles.
Ahora sí… luego del impactante espectáculo, la geografía cambiaba, se notaba algo extraño, quizás era la costumbre de ver muchos campos llenos de frondosos y fructíferos cultivos. Se pasaba a algo diferente, quizás áridas montañas y mucho calor, se sentía el cambio total. Esto duró unos 30 minutos.
Luego se vino otro espectáculo mucho mejor… el verde en todas las montañas que seguían nuestro camino, un viento frío entraba por la ventana y el clima frío ganaba ante todo lo pensado, este era quizás el aviso de la cercanía a nuestra llegada.
Mis compañeros despertaron y también se encontraban pendientes de todo lo referente a lo que pasaba allí. Cambiaba nuestro panorama y nos sentíamos mucho más convencidos de llegar en unos minutos a Pasto.
De esta forma nos encontramos con una capital muy organizada, limpia y muy bonita, bordeándola montañas muy altas y el famoso volcán Galeras, que aquel día se escondió de nosotros, no quiso darnos la cara para al menos unas fotos. Pero aquel, era imponente ante aquella población que yacía muy cercana a el.
Una de mis compañeras tenía familiares en el lugar (Pasto) que nos recibirían al menos para tomar un descanso luego de este largo viaje de 12 horas. Allí llegaríamos a las 9 AM, con mucha hambre, poco aliento, con ganas de ir al baño y muy cansados.
En aquel hogar nos recibieron como reyes, primeramente nos saludó el esposo de la hermana de mi compañera, con una abrazo que valía mil cosas, y las siguientes palabras “Bienvenidos, Dios los Bendiga”. Me dije a mi misma: ¡Wow, que recibimiento!.
Este detalle me cautivó y además me ilusionó mucho más a conocer sobre la cultura de estas gentes, y además cambió mi percepción de lo comportamental basándose en los climas. Pensaba erradamente lo siguiente siguiendo frases populares: “Los de tierra fría no son amables y solidarios como los de tierra caliente”.
Esta persona que nos acogió en su hogar por unos minutos, logrando mostrarme lo hermoso que es tener la oportunidad de intercambiar culturas de otros lugares y como esta experiencia puede alimentar mi sed de conocimiento.
Nos sirvieron un gran desayuno y además nos prestaron abrigos para el clima de Pasto e Ipiales… haciendo referencia que este último era mucho más frío. Ellos lo hacían con mucho gusto y eso me hacía sentir como en mi hogar.
No queríamos esperar, entonces abordamos el carro, rumbo a Ipiales, nuestro destino ahora más cercano.
Era de destacarse los paisajes de nuevo que maravillaban nuestra vista y además la organización que tienen estas personas para la creación de cultivos encima de las montañas, eran como una especie de colchas a lo lejos, parecían retazos bien cortados y divididos. ¡Que lindo!.
En carretera había mucho tráfico, lo que demoró de nuevo nuestra llegada.
Ipiales, una ciudad pequeña, donde el frío nos congelaba, al colmo de estar usando 3 abrigos al mismo tiempo. Allí se notaba mucho más arraigada la cultura de Pasto, y su descendencia indígena en los rasgos de los ciudadanos, además su dialecto era muy distinto al nuestro, algunas veces chistoso por sus acentos y distintas tonalidades.
La persona que nos recibiría también nos esperaba desde muy temprano y nos tenía un almuerzo ya listo. Delicioso, y desde luego el hambre que teníamos nos daba para devorar todo lo que sirvieran.
Nos hospedó en el mismo lugar siendo muy amable de su parte, o sea que no tuvimos que gastar dinero en hospedajes. Llegamos muy cansados a recostarnos en el colchón que nos pusieron, algunos solo querían dormir, pero yo quería salir y además alcanzar a conocer esa linda ciudad y quizás pasar a Ecuador para saber como es el paso por aquella frontera.
Convencimos a todos y decidimos recorrer la belleza de esta nueva tierra. La gente fue muy simpática al guiarnos y nos dirigimos a la frontera de una vez.
La verdad fue mucho más fácil de lo que creíamos, solo tomó 10 o 15 minutos desde Ipiales, llegamos al puente Rumichaca, donde hay algunas oficinas y un cartel emocionante que decía “Bienvenidos a Ecuador”. Y un Ecuatoriano que tan solo te pregunta de donde vienes y te dice amablemente “Bienvenido vecino, que pase un buen día”. Yo quedé con la boca abierta, porque me imaginaba las cosas más complicadas y que quizás nos exigirían papeles, identificación o pasaporte, pero nada de nada, wow, solo fue un ferviente saludo de bienvenida.
No quería perderme ni un detalle de Ecuador, al parecer era similar a mi tierra, las gentes con la misma cordialidad con la que nos atendían en la amada patria. La entrada a Ecuador desde Colombia se hace por Tulcán una ciudad del Departamento del Carchi, según se podía percibir en los avisos y demás cosas representativas. Había mucho comercio y todo era muy económico, incluyendo la gasolina del carro en el que nos transportábamos. Las calles eran pequeñas, pero también organizadas, muy normales.
Las gentes más arraigadas a su raza, y a su dialecto común, demasiado parecido a el de los Peruanos.
Era muy fácil ubicarse allí, las direcciones muy claras.
Deseaba comprar muchas cosas, aprovechando el momento y el lugar, pero la falta de dinero no me dio para muchas de estas cosas.
Nuestra compañera que conocía mucho mejor el lugar, nos recomendó visitar un cementerio en el mismo Tulcán, conocido por sus bellos jardines y que sería un espectáculo para recordar.
Nos dirigimos al lugar para entender aquella pasión con la que hablaba nuestra amiga y compañera.
Desde la entrada era totalmente impresionante, un lugar lleno de misticismo y además que poseía grandes tesoros. Uno de esos tesoros eran los famosos jardines que lo decoraban, la verdad eran estatuas de muchas figuras y símbolos que representaban toda la cultura latinoamericana, pinos bien moldeados, era como imaginarse en la película “el joven manos de tijera” porque parecía que lo hubieran hecho con tanta precisión que era asombroso a la vista de cualquiera. Según lo que averigüé esto lo hizo uno de los artistas ecuatorianos más renombrados.
Fotografié muchas de estas estatuas, la verdad me parecieron un trabajo muy relevante y de mostrar aquí en Colombia.
Luego de haber estado disfrutando de ese paisaje de estatuas y lápidas juntas, nos dirigimos a Ipiales de nuevo para quizás descansar luego de ese largo viaje. El frío era intenso, tuvimos que dormir con unas 3 cobijas y además con nuestros abrigos puestos, medias y pantalones largos.
Al otro día (domingo) muy temprano nos levantamos para regresar temprano a nuestro hogar, porque teníamos que madrugar todos el lunes, entonces era necesario salir rápido de allí. Pero claro, antes de realizar esto, queríamos conocer el Santuario de las Lajas, como a unos 15 minutos del lugar en donde nos encontrábamos.
Llegamos a este lugar y vimos una hermosa iglesia en el fondo de muchas montañas, tan solo se veía su cúpula y su tono gris. Pasado un rato… de caminar nos fuimos acercando más a ella… era preciosa, única en el mundo y el lugar donde estaba situada era como de cuentos de hadas y elfos. Esta edificación se encontraba sobre el río, mientras la recorríamos sus paredes contaban miles de historias referentes a los milagros que ha hecho y a la gente que ha ayudado. Había mucha gente allí y muchos turistas venerándola.
Debajo de la Iglesia había un museo dedicado a la historia de cómo ella fue descubierta. Según se dice hubo una aparición de la virgen María y desde ese momento ella empezó a ser construida, comenzando con una humilde choza hace muchos años. En este museo también muestran los miles de milagros hechos, y mucho más sobre la cultura y costumbres de los indígenas Pastos, antepasados de esta región. Fue grande mi asombro al ver tantas cosas que tenían estos indígenas y lo inteligentes que eran, hasta tenían su calendario respecto al universo, en ese momento me preguntaba porque en el colegio cuando estudiaba en bachillerato, no nos contaban mucho más sobre los antepasados de toda nuestra geografía colombiana. De allí yacía mi hipótesis… “Los pastusos por eso son tan inteligentes, y gracias a ellos debemos muchos adelantos tecnológicos y científicos”.
Dentro de esta iglesia, me sentía algo mareada, mi respiración variaba, este lugar era un museo y también era parte de la iglesia antes, habían lugares muy misteriosos, y con restricciones en el paso, parecía un castillo antiguo, y me provocó algo de miedo permanecer allí. Salí prontamente a respirar aire puro.
Terminado todo este recorrido por uno de los lugares más famosos en Ipiales “El santuario de las lajas”, era nuestro tiempo de partir de esta tierra. Pero siempre nos cambiaban los planes, ahora la persona que nos había hospedado, ya nos había tenido en cuenta para un almuerzo, era muy linda su hospitalidad y nos dio pena negarnos a esta invitación, así que atendimos a su solidaridad y simpatía. Y comimos muy bien antes de irnos.
Así fue como luego de esta gran aventura, nos despedimos de las gentes, de los paisajes, del clima, y del buen olor de Pasto, dejando en mi mucho que nombrar, mucho que decir, mucho que contar de este bello paraje al que en algún momento fui solamente por cuestiones de trabajo. Llegamos a casa a eso de las 4:30 am.
Apasionante lugar en Colombia, lleno de riqueza paisajística y cultural. Lugar que alberga a gente amable y donde la cultura cafetera se encuentra en su máxima expresión.
Como aventurera apasionada de mi país, este es mi refugio, es mi lugar favorito, es donde mi espíritu es libre… y se llena de energía, donde me olvido de todos los problemas cotidianos y de la furia de la selva de cemento, y me encuentro con lo maravilloso que es la naturaleza, sus sonidos que gritan y piden cuidados.
Este viaje comienza por la necesidad de volver a mi pueblo favorito en el Quindío… Salento.
Es un nombre representativo en la región y conocido por su basto entorno ecológico y por sus múltiples reservas naturales.
Para llegar allí... Tomas un bus desde la ciudad de Pereira, que se desvía mucho antes de llegar a la capital del Quindío: Armenia. Cerca de la Posada Alemana. Unos 8 kilómetros para llegar a este pueblito y comienza la diversión.
Cuando llegas es como si se devolviera el tiempo, y te encuentras con mucho de la cultura cafetera muy arraigada, casas muy coloridas, gente amable, campesinos dedicados a la tierra y al cuidado de sus familias.
Te encuentras con una plaza principal llena de vida y muchos puestos de comidas. Demasiadas artesanías colombianas y muchos turistas.
El viento golpea tu cara y te hace sentir muy fresco, mientras el sol acaricia levemente tu piel.
Los restaurantes con su famosa y típica comida “La trucha” el pez más famoso en los ríos locales.
La iglesia representativa del centro de la ciudad.
Luego caminas hacía unos escalones altos que te dirigen al mirador principal, estos se dividen en secciones 5 y cada uno con 36 escalones, cuando llegas a la cima puedes ver la fastuosidad del Valle del Cocora y la cadena de montañas que lo cubren.
Para recorrer el Valle del Cocora, puedes irte en carro, o alquilar los Jeeps que te pueden llevar por un muy bajo precio. Recorrerlo a pie es una gran aventura, pero hay que tener mucha fortaleza para caminar y llevar muy buena agua, porque no hay tiendas cerca; pero puedes disfrutar cercanamente de la naturaleza y de nuestro árbol nacional: La palma de cera del Quindío.
Fue escogida como árbol nacional por las inmensas altitudes que alcanza y siendo una de las más altas palmas en Suramérica.
Es increíble verla desde muy lejos, a unos 10 – 15 kilómetros, se puede divisar en las montañas.
Las montañas que cubren el Valle del Cocora en algún momento dado se comunican con el Nevado del Ruiz, en la ciudad de Manizales.
Los invito a conocer este lugar lleno de magia, que me ha embrujado a mi, y espero que los embruje a ustedes!!!!
CARTAGENA DE INDIAS "UNA LOCURA IMPREDECIBLE"
Fue una idea loca, que surgió después de salir a mis vacaciones navideñas. Simplemente quería llegar a Cartagena; no sabía cómo, ni de donde sacaría del dinero, pero tenía que llegar allí y conocer el mar.
Me despedí de todo mi familia, los cuales siempre me han dicho "loca", porque cuando se viene una idea a mi cabeza, nadie me la puede quitar.
Guarde algunas ropas, empaqué mis maletas, y comencé mi viaje.
Salí de casa a las 6:00 Am. Vivo en Cartago, Valle. Tome un bus hacia la ciudad de Pereira. Esto me tomó 1 hora y 45 minutos. De allí inmediatamente, busqué el bus que me llevaría a Medellín. Mientras esperaba y sin rumbo fijo, le pregunté a un conductor, como hacía para llegar a Cartagena y a que terminal debía de llegar. Entonces me dijo: El bus te deja en la terminal del Sur, pero tu debes coger taxi, o el metro hasta llegar a la Terminal del Norte. De allí te vas directo a Cartagena. Le agradecí y partí hacia mi destino, la hermosa Medellín.
En el transcurso del viaje, observé mucho lugares preciosos, paisajes,y la gente siempre me preguntaba: "¿Por qué viajas sola? Ten mucho cuidado y no hables con extraños, recuerda que hay mucha inseguridad ahora". Bueno, le doy gracias a Dios que me encontraba con gente buena que me ayudaba en mi ruta y me explicaba la magnitud del viaje.
Dormí un rato...y me desperté en la parte en la cual ya íbamos entrando a Medellín, cerca a Santa Bárbara. Estabamos subiendo, cuando el bus... se fue quedando parado. Entonces el conductor se bajó a ver que pasaba: Se había reventado un caucho que tenía que ver con los frenos del bus. Ahhhhhh! Estaba algo estresada, pasaban las horas y no había solución al problema. Entonces cogí mi maleta, me despedí de la señora que viajaba conmigo al lado, y tomé un bus que me llevaba cerca a el metro donde podía coger la terminal del norte. Estaba algo asustada, por la famosa inseguridad que dicen que hay en Medellín.
En ese instante donde pensaba miles de cosas, una mujer se me acercó y me dijo que me iba a ayudar, me dió mucho miedo, porque pensé que quería hacerme algo. La señora tenía un rostro gentil y llevaba cargado un bebé, sentí algo de confianza por eso. Ella me llevó a la Estación del metro, me explicó como debía tomar la ruta a la Terminal, y simplemente se dedicó a explicarme todo lo referente a su ciudad. Me pareció una excelente persona, y yo que pensaba tan mal de esa gente.
Llegué a eso de las 12:00 del medio día a Medellín. Lista para tomar mi bus hacia la anhelada Cartagena. Pero por el contrario, me dan una mala noticia: "Niña, el bus sale a las 6:30 de la tarde, le va tocar esperar todo ese tiempo" . Se me subio un calorcito a la cabeza, algo de rabiecita, pero decidí calmarme y esperar sentada en una sala frente a la empresa de transportes.
Pasaban las horas, muchos turistas cambiaban de mi lado, mucho muy amables, otros algo agríos me preguntaban hacía donde iba... y siempre la misma pregunta "¿Por que viajas sola?".
Por fin se llegó el momento esperado, mi partida. Fue un descanso total. Alcancé a ver algunos paisajes... pero como se hizo de noche solamente se podía apreciar la silieta del paisaje y su cambio, de montañoso a plano.
Se suponía que me llevaría a Cartagena. Pero como siempre los servicios de transporte enredan a sus usuarios, era mentira. Mi viaje culminaría en Monteria. Conocí muchas partes, porque este bus daba mucha vueltas. Cuando me bajé en la terminal de Monteria, Córdoba. Sentí un calor aplastante, fulminante, humedo y pegajoso. Pero no importaba, había que seguir, y "¡Hasta la victoria siempre!"
Después de una hora. Apareció el bus que me llevaría a la soñada Cartagena de Indias. Eran las 4:00 Am. Llegué a Cartagena a las 9:00 Am.
Cuando el bus hizo su entrada a Cartagena, yo buscaba el mar por todas partes, y nada de nada. Lo único que vi, fue gente muy pobre, casas diminutas en las cuales vivían 7 personas, Inundaciones y demás.
LLegamos a la terminal de transportes. Qué horror! Para una turista como yo, fue una gran desilución, estaba mal organizada, la gente no te ayudaba mucho. Tomé un taxi hacia Bocagrande. Y seguí observando gran ola de miseria. Qué extraño era eso! sabiendo que Cartagena de Indias, era el principal destino turístico en Colombia y recaudaba miles de millones de pesos con tantos turístas internacionales y nacionales que llegaban allí para admirar sus castillos y monumentos.
Mi hotel era bonito, muy sencillo y frente a la playa. Me la pasé admirando las olas cuando llegué. Sentada, tumbada en una silla alquilada, y acechada por miles de vendedores, que sobreviven gracias a las ventas clandestinas en medio de la relajación de los turístas.
Me metí al mar, sin saber con qué gigante me enfrentaba. Comencé a nadar hacía el fondo, buscaba "hacerme la valiente", e iba pasando de la franja clara del mar a la más oscura, no me dí cuenta, y el mar mi jalonaba hacia las profundidades.
Yo no tenía miedo, simplemente comencé a sentir que me quedaba sola, y que las lanchas pesqueras pasaban muy cerca de mi cabeza; quise tocar el fondo del mar y ya no podía hacerlo. ¡Qué horror! Me entró un miedo aterrador, el saber esto y tambien el ver al salvavidas gritándome que no me alejara más de la orilla, y que me encontraba muy lejos.
Comencé a tratar de devolverme, nadando, pero era imposible... la corriente me estaba llevando.
Desistí de pelear con el mar. Dejé que hiciera conmigo lo que quisiera... y que si moría, moría cumpliendo uno de mis sueños, conocer el mar.
Repentinamente, el mar se volvió mi amigo y me tiró hacia la orilla. Gracias a Dios.
Ese mismo día en la noche salí a caminar por la ciudad Amurallada, y ver a Cartagena en pleno. Fue una de las mejores experiencias sentir el viento, y escuchar el ruido de las olas golpeando. Wow, era tán romántico, que necesitaba estar con alguien especial en ese momento.
Me fui a tomar algo a un restaurante que quedaba en uno de sus Castillos. Que elegancia, qué distinción, qué educación.
Mis ultimos 2 días fueron maravillados, recorriendo la Ciudad Amurallada, sin guía y tan solo con mi percepción de este patrimonio de la humanidad.
Cuando regresaba muy a mi pesar a mi realidad diaria, decidí tomar un taxi. Y paró un joven en una moto, muy humilde por cierto, y yo le dije "Disculpa, estoy esperando un taxi", el me dijo, yo tambien soy taxi, te puedo transportar por menos del precio. Y yo acepté.
Este joven, me preguntaba que como me había parecido su tierra, entonces le dije que preciosa, muy bonita. El sin querer y con el objetivo de llevarme a la terminal. Me mostró otra de las partes más pobres de la ciudad. Qué triste, que el 80% de Cartagena sea de gente que no tiene ni para desayunar.
En ese momento pasaba un helicoptero, el joven me dijo: "Ese es el presidente, debe ser que viene de vacaciones, nunca a estado en esta parte marginal de Cartagena, y nosotros sufriendo, y sufriendo, sabiendo que entra tanto dinero de la parte turística".
Volví a sentir una gran impotencia ante esta situación. Llegué a la terminal, entiendiendo el viaje que me esperaba y con un punto de vista muy diferente a lo que tenía en mente.
Mi país se está acabando, la gente está pasando por muchas situaciones de guerra, hambre y desolación... Cuando llegará alguien que en verdad quiera y busque ayudar a esta gente que más lo necesita?
Somos una Institución de Educación Superior, sin ánimo de lucro, facultada para ofrecer programas de formación hasta el nivel profesional, por ciclos propedéuticos, en las áreas de las Ingenierías, Tecnología de
La visión de la Universidad del Magdalena se encuentra más estructurada y definida de forma explícita, respecto a su relación con la comunidad y su programa de extensión, tan importante para la acreditación de calidad de cada una de las Instituciones de educación superior y además es lo que persiguen finalmente las universidades. Presenta diferencias con la visión de cootecnova respecto a la descontextualización, y además por referirse a Santa Marta como punto de referencia. Debería existir alguna conexión cultural con los programas creados en otras partes del país como Cartago.
La visión de Cootecnova plantea una fecha exacta, lo que podría ser perjudicial, porque deben cumplir con lo propuesto.
